Etiquetas

Seguidores

domingo, 12 de febrero de 2012

Entrada de registro número 7.

Entrada de registro número 7.

Categoría: Alas metálicas.

La puerta produjo un chirrido casi sordo, pero ella lo escuchó. Evité mirarla, observé aquella habitación, aparte de la puerta por que entré solo había una escalera de acceso metálica y oxidada que llevaba hacia  el tejado supongo. Avancé hacia la escalera manteniendo mis ojos en el suelo, observando mi calzado, o lo que quedaba de él.

Me agarró por la espalda y la besé. ¿Pero qué?¿por qué coño hacia eso? No sabía de ella, solo que no era nada buena, lo más extraño fue que ella me siguió, me besó. Bajó a mi cuello y noté su cálido aliento que ahora  producía excitación en mi cuerpo. Comenzó a darme pequeños besos, muy rápidos, sin parar, me mordía. Yo hice lo mismo, bajé a su cuello retirando su pelo, le di pequeños besos por el cuello, subí a su boca, jugué con tu lengua. Mordí su lóbulo de la oreja izquierda y un pequeño gemido me produjo aun más excitación, la empujé contra la pared, apretando mi cuerpo con el suyo mientras levantaba su pierna y ella me rodeaba.

Volví a abrir los ojos, seguía subiendo aquella escalera hacia un final que aun no veía. Lo único que había cambiado era mi idea sobre ella, quería bajar, lo necesitaba, como quien necesita respirar, pero no podía, no, imposible. Ella seguro que ha matado a miles de personas, a mi familia, a mis amigos, ella tiene algo que ver, ¿por qué si no iba a estar allí? pero ¿por qué apareció allí en ese momento?¿por qué ahora?

Un puñetazo rompía el cristal de la vidriera que me impedía la salida al exterior. Mi mano estaba llena de cristales tintados, sangraba por algunos recovecos, me dolía, pero no pensaba en ello, ni si quiera en como evitar morir allí, en como escapar de aquel cementerio, pues solo llevaba a la muerte, solo pensaba en aquella fantasía que hace momentos me ha hecho olvidar.

Ascendí a la torre. El tejado era rojo, o al menos antes, ahora todo era negro, todo era muerte, al menos para mí. Me senté por un momento dejando mis piernas colgando del vacío y observé aquel paraje, agonizante, pedía a gritos que lo mataran para no sufrir más, frío y calor se juntaban, hielo y desolación iban de la mano por el pasillo hacia la tumba.

Un estruendo constante desde más arriba de las nubes no dejaba de sonar, quizás siempre estuve allí y no me di cuenta, quien sabe.

Supongo que solo hay una manera para terminar con este sufrimiento. Miré hacia abajo asomándome. Un nudo en el pecho envolvía mis pensamientos ahora. Salté al vació como si el aire me hubiera empujado. La presión que había sobre mí era demasiado fuerte para que ni siquiera mis ojos pudieran estar abiertos totalmente. Caía muy deprisa, descendiendo la torre por la que antes había accedido, los copos de nieve iban más despacio que yo, las nubes se mantenían en el cielo observando mi corta caída. Una gran explosión de agua saltó al caer en ella. Las burbujas heladas ascendían hacia arriba mientras mi cuerpo casi inerte no dejaba de descender. El lago era muy profundo y la visibilidad era casi nula, solo sabía hacia donde tenía que ascender. Comencé a impulsarme con lo brazos y las piernas entumecidas tan rápido como podía. El aire se extinguía de mis pulmones, el dolor de cabeza incrementaba, no veía nada, solo algo parecido a la muerte, restos de cadáveres, balas, cargadores, armas, todo menos paz.

A punto de asfixiarme, a punto de salir algo dejó enganchado mi pie. Una alga impedía mi movimiento, el aire ya no existía, la mente volvía a nublarse dentro de mí, intenté palpar aquello que impedía mi subida. Intenté morderla, era lo único afilado que tenía, mis dientes, nada, imposible. Mientras tanto una capa negra no me dejaba ver, y una nube en mi cerebro no me dejaba pensar, cada vez era mayor el sufrimiento. En el exterior escuchaba más sonido de pájaros metálicos de nuevo, pero esta vez más cerca. Empujé y empujé y por sí sola se soltó aquel grillete natural. Una punta dorada cortó el alga, una bala que podía haber atravesado mi pie, mi cara, mi cuello, mi pecho, y haberme dejado sin vida. Abrí los ojos, mi mente intentaba despejarse, mi cabeza perdía su dolor.

El aire de las alas metálicas movía el agua en círculos produciendo olas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario