Entrada de registro número 4.
Categoría: Camino sumiso.
-!Vamos vamos joder, se nos va a ir, necesitamos un puñetero médico, hay que sacarlo de aquí!
Escuchaba entre zumbidos. Una fuerza me arrastraba hacia arriba. Abrí un poco los ojos, con las pocas fuerzas que tenía. Dos personas me transportaban subiendo aquellas escaleras por las que antes casi precipito. Me volvieron a dejar en el suelo con poco cuidado. Lo único que podía ver era polvo y lluvias de escombros, lo único que oía eran gritos, insultos, llantos y órdenes, lo único que sentía ahora, nada, quizás lo que más me dolía no era el cuerpo, si no pensar que le había podido ocurrir a ella.
No veía nada, volví a desmayarme.
No sé cuanto tiempo ha pasado ya, varias personas armadas hablan en un lenguaje desconocido para mí y que tampoco escucho a penas. Palpo mi pecho, una gran herida atraviesa mi vientre como si me hubieran pretendido sacar todas las tripas y el dolor que llevo dentro. No veía nada por el ojo derecho, completamente ciego. Unas cadenas negras y sangrientas rodeaban mis manos. En el suelo, repartidos por aquel agonizante suelo de madera derruida habían varios encadenados al igual que yo. En cuanto a ella, ni rastro, ni una señal, ni una voz, ni un gesto, nada.
Una patada en mi espalda me hizo gritar y levantarme. Nos levantamos todos, al menos los que teníamos algo de fuerza o simplemente ya no tenían voluntad, carecían de vida pero conservaban su cuerpo. Bajamos aquellos peldaños, ahora rojos, de un rojo oscuro, líquido, un rojo sangre, escoltados por aquellos desconocidos armados. Ahora la culata de un arma golpeaba otra espalda, por suerte no era la mía.
Salimos de aquel antro pero el exterior era aun peor que el final del infierno. El cielo seguía negro, aquella niebla no desaparecía y el fuego perpetuaba por todas partes. Nos colocaron en fila a empujones y el primero comenzó a andar. Todos, por miedo o pánico le seguimos, sumisos. A la izquierda una chica conversaba con uno de aquellos tipos. Pensé que era ella pues se encontraba muy lejos y no veía bien pero me equivocaba. Giró y me miró. Agaché rápidamente la cabeza asumiendo mi posición de inferioridad ante aquel...no sé que era aquello, no sé donde me encontraba, que hacía allí, por qué me había tocado a mí o por qué seguía con vida.
De nuevo otra culata golpeó la espalda de otro. Éste cayó al suelo, desangrándose. Aparté la vista instintivamente pero mi mente no me dejó. Ahí estaba un encadenado en el suelo, sin vida, agonizante, sucio, mugriento, infeliz, deprimente.
Pasamos por encima de él, nos obligaron, no quería, pero una patada me lo dejó claro. Crucé, bueno, cruzamos aquella vida sin cuerpo sin piedad.... Las gotas que en ese momento cayeron de mis ojos limpiaron en su recorrido una pequeña parte de mi rostro.
Miré mis zapatillas, hasta los cordones me habían quitado, antes eran negras...ahora estaban quemadas y grises, llenas de cenizas, como yo.
Seguimos caminando hasta terminar de ver aquella salida al exterior del infierno y la espesura de los árboles cada vez era mayor.
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